Inspiracion en el Camino
jueves, 2 de noviembre de 2017
miércoles, 1 de agosto de 2012
EL AMOR SANA
oculta bajo 1000 formas, pero siempre es amor. Las formas se las da el ego.
El amor es el fin de toda busqueda.Y a veces lo encontramos, y nuestro ego
separa, porque nuestro ego busca dominarnos, y el amor libera.
El amor sana. El amor nutre. Todos somos fuentes inagotables de amor.
Pero por algo creamos familias, sociedades, relaciones, para aprender a
convivir en amor.Vivimos la experiencia de vivir acompanados por companeros
de camino, nuestro universo es infinito, y aunque la fuente de sabiduria
esta en nosotros, en nuestro ser, compartir es nuestra mision, y lo que nos permite crecer.
Porque dando es como se recibe, y porque todos somos hijos de Dios.
El escenario de la vida es el ambito para conocernos a nosotros,
Quien juzga se condena a sI mismo.Y nadie es culpable por amor.
El amor sana.
El amor libera.
El amor nutre.
La felicidad fluye cuando aceptamos el amor. Deja que florezca el amor que
habita en tu ser. Deja que tu ser sea el jardIn donde el amor de tus hermanos
florezca, ya que vos sos ellos, y ellos son vos, y si su amor florece,
Ya sos una divinidad.Ya sos amor. Acepta ser quien sos y se feliz.
lunes, 12 de marzo de 2012
LA SUPREMA INDIFERENCIA
En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba una sabia anciana cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocida por el nombre de RAMALA, y de todos era sabido que sus palabras parecían brotar del manantial de la eterna sabiduría.
miércoles, 11 de enero de 2012
¿COMO SE HACE LA VIDA?

¿COMO SE HACE LA VIDA?
La vida se hace sorbo a sorbo, paso a paso y día a día.
Se hace saboreando el Universo, caminándolo a lo ancho y a lo hondo, mirándolo a través de sus colores, oyéndolo a través de sus sonidos, palpándole la perfección y desentrañándole la luz.
La vida se hace como trabajadora de su siembra, como obrera de su palabra, como jardinera de sus flores, como cantadora de sus prodigios... como El te mandó hacerla.
La vida se hace agitando el mundo que llevamos dentro y descubriendo el mundo que llevan los demás.
Se hace respirando a Dios con la fuerza de la naturaleza, con la sabiduría de su gracia y con el impulso de sus pisadas, que van tras nosotros para que no perdamos el camino ni se nos distraiga la luz.
La vida se hace sufriendo, pero sin apagar nunca la velita encendida de la fe.
La vida se hace amando, porque el amor tiene tanto que hacer en el mundo, que no da tiempo para odios ni rencores.
La vida se hace en el espacio de lo cotidiano, en pequeños trozos de cada día, en raticos, en raticos que encendemos de pasión, en vuelos que se emprenden con besos y son sueños.
Velar y dormir, soñar y despertar, llorar y reír, creer y dudar, caer y levantarse: eso es hacer la vida.
La vida no se hace para lucir, para exhibirse, para mostrarnos como en un escaparate de vanidad y focos de colores.
La vida se hace en el recinto íntimo, en ese taller de abeja trabajadora que llevamos dentro, en ese aguijón que extrae y regala, que profundiza y endulza.
La vida se hace en el centro de trabajo de uno mismo, con su esfuerzo silencioso, efectivo, constante, devoto y masivo. Un esfuerzo que abre surco y un surco hecho para que no deje de producir.
Hacer la vida no es diseñarla a nuestro antojo, ni coserla a nuestro capricho: es estar siempre en las puntadas de su tela y en el estambre de su tejido.
Hay que caminar la vida, porque es la única manera de llegar.
Irla resolviendo con la lógica, pero emocionándola con el espíritu y calentándola con el corazón.
La vida se hace cuando das la mano y trasmites una corriente, cuando das una sonrisa y cuelas la luz, das un beso y cierras los ojos, te das a ti misma… ¡y parece que concentras el universo en tu corazón!
La vida se hace en el espacio de tu mundo y en donde se libran las batallas de los demás.
Se hace en el horizonte de ti misma y en donde vuelan los sueños de los otros, en la siembra frondosa de tu tierra y en la raíz raquítica del huerto ajeno.
La vida se hace de regalo, sin seleccionar, ni preguntar, ni escoger.
Cumple tu misión de dar.
Déjale a Dios el balance de lo que debes recibir.
Porque en ese libro de la generosidad, del esfuerzo y de la entrega, ¡se hace la vida!